Nuestra escuela está afiliada a COEPDI, incluyendo un completo seguro médico con MAPFRE. La licencia anual incluye este seguro y es obligatoria para poder entrenar.

31/12/15

EN LA HORA DE MI VUELTA

Ante mi inminente vuelta a las clases toca sin duda reflexionar y hacer balance de lo vivido, duro sin duda por mantenerme alejado del lugar donde más feliz me siento, el Dojang.

Pero aleccionador de aquello que en ocasiones es la vida; das por sentado que todo aquello que te gusta está siempre ahí; sin esfuerzo, recuerdo cientos de clases jactarme de lo duro que era, de que jamás habría golpe o luxación que consiguiera apartarme de una clase, ni un esguince , ni una leve lesión me impidió nunca hacer lo que más me gustaba durante tantos años, entrenar.
Sin embargo, cuando tuve que convivir con la dura enfermedad de mi padre hasta su fallecimiento por primera vez el ir a entrenar se me hacía duro, era un sacrificio en ocasiones, me decía a mí mismo que ya habría tiempo de disfrutar con el hapkido en el futuro, sin embargo cuando con la dura perdida de mi padre quise compensar todo el dolor y la frustración de su perdida con aquello que más amaba, el Hapkido, cada movimiento era una punzada en mi interior, cada gesto un desgarro de dolor. Aún así intentaba disfrutar de cada movimiento pero supe que si debía ser honesto conmigo mismo y con los demás debía estar a tope otra vez, lo demás es conocido por mis alumnos, dos años de problemas médicos, de pisar más las salas de rehabilitación que el dojang.

Me dí cuenta que siempre habrá un trabajo, un problema, un dolor quizá , un" pero" que me impediría disfrutar al cien por cien de mi pasión, pero que quizá eso es la vida, y que sea cual sea mi camino he decidido que el Hapkido debe acompañar mi peregrinar.

Porque la ilusión de estar nuevamente donde me siento más libre, donde me expreso a través de un bello arte ha podido más que todos los inconvenientes, vuelvo más ágil, más rápido, más fuerte que hace mucho tiempo, pero sobre todo más paciente y creo que un pelín más sabio.

No ambiciono ser mejor que nadie, ni compararme con nadie, ni que mi nombre sea reconocido, mi única deuda es conmigo mismo, creo que me debo ser lo mejor que pueda ser, creo que me debo intentar profundizar en aquello que tanto amo, sin excusas. En cuanto a mi escuela, tampoco ambiciono más que sentir que transmito con absoluta dignidad aquello que con tanta paciencia me es enseñado por mi maestro.

Creo sinceramente que cada cual tiene un camino prefijado que puede elegir recorrer, que no debemos fijarnos en el camino de los demás salvo en aquello que nos pueda aportar en el nuestro.Y que cada uno de nosotros debe mirar  en su interior y sentir si está siendo honesto consigo mismo o está buscando atajos en ese camino. Por mi parte cada obstáculo de estos último años me ha servido para coger más impulso y ver claro mi horizonte,  SER FELIZ, tan sencillo y a la vez tan complejo. Mirar hacia atrás y ver el muchacho que soñaba con aprender, mirar hacia adelante y seguir viendo al hombre que es feliz aprendiendo.

Es hora de disfrutar, de abrir los ojos, de aprender, de vivir el arte marcial , de sentirlo; en cada clase, en cada momento,  porque la vida es efímera y debemos ser un poco egoistas y exprimir aquello que nos hace féliz. Por mi parte lo voy a dar todo, máxima ilusión , y aunque suene un poco pedante,  por fin en mi máximo esplendor.

No entiendo muchas cosas de nuestra existencia, pero sin duda cuando abro los ojos y siento la adrenalina del dojang y el hapkido corriendo por mis venas para mí al menos durante ese rato todo tiene sentido.

P.D. Mi gratitud a mi hermano e instructor ayudante Alberto Jiménez por su absoluta dedicación y compromiso con la escuela, demostrando una lealtad y amor al Hapkido excepcional, al alumno Toni Vidal, cuya fidelidad, afecto y respeto hacía mí realmente me ha emocionado, a todos los alumnos que sin mí como referencia han dado todo en cada entrenamiento fijando con cada gota de sudor los cimientos de nuestro futuro. Mención especial también al alumno Juanjo Segarra, por sus consejos y por poner sus conocimientos de educación física y deportiva a mi disposición con suma paciencia y dedicación, enseñandome a pesar de lo díficil que le ha sido, que no siempre MÁS es sinónimo de MEJOR,  y que no siempre ser el más bruto es la respuesta.
También a mi mujer que ha soportado tantos meses mi malhumor y por la cantidad de camisetas que ha tenido que soportar en el cesto de la ropa sucia, reconociendo a veces que a aquello que yo llamo dedicación a veces se ha tornado en obsesión. FELIZ AÑO 2016. Nos vemos en el Dojang.